El Aura

El Aura

Todo lo material está constituido básicamente por partículas elementales que forman parte de los átomos y que a su vez constituyen la materia que está sometida al campo energético universal.

Todo aquello que detectan nuestros sentidos como materia está formado por ordenaciones de partículas animadas por energía que las hace vibrar en las frecuencias más bajas. Los seres vivos, además, están animados por la Energía Vital o Fuerza Vital, de origen divino.

El aura o conjunto de cuerpos sutiles es el reflejo de nuestro campo energético, y todo ser vivo tiene un aura que es parte de su constitución energética y un patrón de su cuerpo físico. El aura que rodea a nuestro cuerpo físico está formada por siete capas similares a éste, que se superponen unas a otras, y se extiende aproximadamente un metro a su alrededor.

Cada capa del aura se corresponde con un chakra de los siete principales:

1. La primera capa del aura, o cuerpo étereo, está relacionada con el primer chakra de la raíz; es nuestra conexión con la Tierra y afecta a todo lo material y a nuestro deseo de permanecer en este mundo, determina los sentimientos de arraigo con un lugar concreto y la lucha por la supervivencia, estando relacionada con el placer y el dolor físico y con el funcionamiento del cuerpo físico como organismo funcional. Esta primera capa tiene un espesor entre 1 y 2 centímetros, es de color azul brillante claro y fácilmente observable con los ejercicios descritos. También en el plano étereo existen siete chakras étereos, que son réplicas de los chakras principales, y cuya misión es similar a la de sintonizar la frecuencia de las energías superiores para que puedan ser asimiladas por el cuerpoi físico.

2. La segunda capa del aura se llama cuerpo astral o cuerpo emocional, se asocia con el segundo chakra o chakra sexual, y está relacionado con los sentimientos y las emociones humanas, siendo más etérea que la primera y normalmente es de color amarillo claro pastel, aunque puede cambiar en función de las diferentes emociones. También existen los correspondientes siete chakras astrales cuya misión es la transformación de las energías astrales a la frecuencia adecuada para ser absorbida por el cuerpo astral e posteriormente por el cuerpo físico como en una escalça jerárquica descendente. El cuerpo astral es la sede de los deseos y de los temores, y tiene cierta autonomía respecto al cuerpo físico, lo que le permite interrelacionarse con las diferentes dimensiones etéreas con independencia del cuerpo físico, por ejemplo, cuando éste se halla dormido o en estado meditativo y en las proyecciones astrales.

3. La tercera capa o cuerpo mental se corresponde con el tercer chakra del plexo solar está relacionada con el pensamiento y las funciones mentales; su color dependerá del tipo de pensamientos. Su frecuencia vibratoria es más alta que la del cuerpo astral y es el vehículo de manifestación del intelecto. Cuando funciona bien, nos posibilita la claridad de pensamientos y la concentración y la focalización de nuestras ideas, base de la manifestación. Estas tres primeras capas del aura forman el plano físico y están relacionadas con el procesamiento de la energía asociada al mundo físico.

4. La capa cuarta o cuerpo causal es la transición entre el plano físico representado por las tres primeras capas del aura y los tres primeros chakras y el plano mental o espiritual, compuesto por las capas quinta, sexta y séptima del aura y los chakras de la cabeza quinto, sexto y séptimo. Es un nivel de transición en doble sentido; en sentido descendente adapta la energía espiritual procedente de los chakras superiores en su camino descendente de transformación en realidad física, disminuyendo su vibración, y en sentido ascendente depura y eleva la vibración de las energías de los tres primeros chakras  y de las ires primeras capas del aura en su transición evolutiva hacia las frecuencias más elevadas de la espiritualidad.

La cuarta capa está asociada con el cuarto chakra del corazón y en ella también se desarrolla nuestra evolución en el amor, de forma que una evolución armónica de la persona se corresponderá con la adquisición, la asimilación y la interiorización de niveles cada vez más elevados de amor, lo
cual implica una depuración, mediante el trabajo espiritual, para sintonizar con frecuencias vibratorias cada vez más elevadas.

Según vamos acercándonos al amor, los colores aurales de las capas superiores se van volviendo progresivamente de un luminoso color rosáceo etéreo que impregna la parte superior del aura.
En la cuarta capa o cuerpo causal se encuentra el archivo akáshico que es un registro que contiene toda la información de los tránsitos de las sucesivas reencarnaciones almacenada en un nivel energético de alta frecuencia.

5. La quinta capa está asociada con el quinto chakra de la garganta y representa el comienzo de una depuración de nuestra espiritualidad a través de un aumento de la frecuencia vibratoria de nuestro campo energético, el cual nos acerca paulatinamente a la unión con la voluntad divina.

6. La sexta capa se relaciona con el sexto chakra del tercer ojo y está asociada con una amor todavía más cercano al Creador.

7. La séptima capa está asociada con el séptimo chakra o chakra corona y representa nuestro más elevado estado de evolución, cuando hemos alcanzado la interiorización con el amor divino y en nuestro camino evolutivo en la Tierra nos hemos aproximado lo máximo posible a la sintonización con la frecuencia vibratoria de la Energía cósmica y universal.

El aura puede ser detectada mediante aparatos adecuados, como la fotografía Kirlian, y también de forma natural utilizando nuestros sentidos.
A través del tacto, conforme vamos avanzando en la práctica del Rciki, se incrementa la capacidad sensorial de las palmas de las manos y detectamos sensaciones de hormigueo, presión, calor, frío, cosquilieos, etcétera.

Con la vista, después del correspondiente aprendizaje, podemos percibir claramente los diferentes colores del aura.
También otros sentidos, como el olfato y el oído, son capaces de detectar manifestaciones sutiles del aura.

Ejercicios para etectar el aura

Con la vista: en un día claro, nos sentamos en un lugar tranquilo o tumbados en el suelo, nos relajamos y miramos al cielo de espaldas al sol; si juntamos los dedos índices de cada mano y los separamos un centímetro, observando vagamente sin enfocar entre ellos podemos ver rápidamente el reflejo luminoso blanco azulado que es la primera capa del aura.
Extendiendo todos los dedos, si los juntamos y los separamos veremos las prolongaciones energéticas de cada uno de ellos, y si movemos las manos de arriba hacia abajo alternativamente vemos cómo siguen unidos cada dedo energético con su correspondiente de la mano contraria, hasta un límite en que se rompe esta unión y se unen a la prolongación del dedo que tiene enfrente.

También podemos observar cómo se estiran y se encogen.

Si efectuamos este ejercicio en una habitación con una luz tenue y una pared blanca de fondo también funciona, aunque se observa
con más dificultad que al aire libre.
Si nos frotamos las manos y miramos entre ellas podemos observar cómo pasa la energía de una a otra junto con un flujo de puntitos
blancos centelleantes.

Con las manos: en una sesión Reiki colocamos las manos a unos cinco o diez centímetros del cuerpo del receptor y si lo acariciamos a su alrededor percibiremos claramente hasta dónde llega su aura y en cuáles zonas es más intensa.

Originally posted 2014-05-07 16:21:40.

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