El Perdón

El Perdón

El perdón nos libera de las cadenas emocionales que nosotros mismos u otras personas nos han impuesto.

Es un acto que nos devuelve la libertad y la inocencia.

Está asociado con la aceptación y la comprensión.

«Cuando liberes a los demás te liberas a ti mismo de tus cadenas.»

El perdón nos devuelve el estado de inocencia, liberándonos en todos los planos, físico, mental y espiritual.

Con cada pensamiento, emoción o acción humana se produce una descarga de energía desde nuestro campo energético personal hacia el universo.
Los problemas y conflictos humanos se producen por bloqueos y contracciones que incapacitan a nuestro sistema energético para irradiar energía fluidamente.

Cuando no aceptamos una situación que nos ha causado dolor y no perdonamos se crea en nuestro cuerpo mcntal-cmocional una acumulación o depósito de energía negativa de una frecuencia insana que se adhiere en nuestro aura y que con el tiempo se manifestará en
nuestro cuerpo físico en forma de enfermedad física o disfunción emocional, como resentimiento, dolor, ira, etcétera, la cual, al bloquear el libre intercambio de energía con el campo universal, nos impide expresar libremente nuestras emociones interiores y experimentar nuestra vida como seres completos únicos y universales.

Las acciones y situaciones no perdonadas las sentimos como una garra interior que nos estuviera continuamente escarbando a la altura del chakra del corazón.

Al perdonarlas, los bloques de energía negativa se disuelven, liberándose el núcleo de energía distorsionada que se había anclado en nuestro sistema energético e instantáneamente dejan de afectarnos; entonces sentimos una liberación que nos permite reencontrarnos a nosotros mismos como los seres únicos y universales que somos, volviendo a experimentar la independencia y la inocencia para expresarnos con plenitud como individuos completos.

Los efectos sanadores del perdón los encontramos en la Biblia:

Cuando Pedro le pregunta a Jesús: «¿Señor, cuántÚS veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Siete veces?», y Jesús le responde: «No siete veces sino setenta veces siete».
(Mateo, 19-11).

Y perdónanos nuestras deudas, asi como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Está claro que si vosotros perdonáis las ofensas de los Hombres, también el Padre celestial os perdonará a vosotros.

Originally posted 2014-05-12 15:02:03.

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